El Aburrimiento
EL ABURRIMIENTO
Tanto la soledad como el aburrimiento parecieran ser algo malo, una especie de castigo que debemos evitar. Pero pueden ser todo lo contrario.
El aburrimiento llega cuando realmente no estamos pensando en nada, cuando no existe un proyecto, una actividad pendiente o cualquier otra cosa ocupando nuestra mente. Aparece el hastío y queremos escapar inmediatamente de él.
Pero ¿qué sucedería si, en lugar de escapar, aprendiéramos a utilizar conscientemente ese momento?
Cuando estás aburrido, sin nada por realizar, puedes entrar en una especie de búsqueda dirigida. La mente deja de viajar constantemente entre el pasado y el futuro y puedes concentrarte simplemente en el momento presente: observar los estímulos que transmiten tus sentidos, los olores, colores, imágenes y sonidos; en otras palabras, la realidad que tienes delante.
Es precisamente en esos momentos cuando puede aparecer una idea inesperada, una inspiración, aquello que necesitabas y no encontrabas mientras lo buscabas deliberadamente.
Es como el pintor ante un lienzo en blanco. Toma el pincel, dibuja un primer rasgo y después otro. De pronto aparece la inspiración y aquello que no existía comienza a tomar forma.
O como el escultor que observa una piedra y parece descubrir dentro de ella una figura que irá revelando golpe a golpe.
Has creado algo donde antes parecía no haber nada.
La soledad y el aburrimiento están, entonces, íntimamente relacionados. En ambos casos podemos intentar escapar inmediatamente o detenernos, observar y permitir que aparezca algo que el ruido permanente de nuestra vida cotidiana no nos dejaba percibir.
Quizás el aburrimiento no sea siempre un enemigo del que debemos huir. Tal vez, algunas veces, sea simplemente un espacio vacío esperando que nosotros decidamos qué crear dentro de él.
jesuspirela9@gmail.com
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